Diario de un viaje a China: Pingyao, la ciudad de la tortuga ~ PhotoViajeros - Los relatos de mis Viajes, Rutas y Escapadas

Diario de un viaje a China: Pingyao, la ciudad de la tortuga

Amanece en Pingyao el cuarto día de viaje. Tenemos toda la jornada para seguir disfrutando y descubriendo cada uno de los rincones de esta ciudad que ha sabido mantener prácticamente intacto el sabor de la antigua China Imperial.
En esta etapa del viaje a China recorreremos parte de la muralla que antaño protegía la ciudad de los ataques enemigos y que hoy en día parece actuar de barrera contra la caótica y acelerada evolución que está sufriendo la práctica totalidad del país. Además, visitaremos varios de los 20 templos, residencias y monumentos que también están incluidos en la entrada de la muralla.

Pingyao

A continuación podréis encontrar el relato completo de la cuarta etapa de mi viaje a China:


Como teníamos todo el día por delante para pasear tranquilamente por Pingyao, nos permitimos el lujo de no madrugar, así que a eso de las 10:00 de la mañana nos levantamos y preparamos para un nuevo día en China.
Mientras algunos miembros del grupo terminaban de arreglarse estuve descubriendo otras zonas de nuestro hostel, que estaba dividido en unos 3 o 4 patios rodeados por numerosas habitaciones.

Pingyao

Pingyao

A continuación fuimos a desayunar al lugar que nos habían recomendado la pareja de valencianos que conocimos el día anterior y a los que por cierto nos encontramos allí terminando su desayuno.

El día estaba un poco plomizo y amenazaba lluvia, pero aun así seguimos adelante con nuestro plan de conocer más en profundidad la ciudad de la tortuga.
Pingyao también es conocida como la ciudad de la tortuga, y es que su disposición urbana se asemeja a una tortuga vista desde el aire cuando contemplamos la muralla que la rodea y sus seis puertas que se corresponden con las extremidades del animal, siendo la puerta sur la cabeza, la puerta norte la cola y las puertas situadas al este y oeste las patas de la tortuga.
Además, las calles de la ciudad están construidas siguiendo una cuadrícula con orientación norte-sur similar a la disposición de las escamas en el caparazón de las tortugas, un animal que en la cultura china se asocia a la sabiduría y la longevidad, por lo que al construir la ciudad siguiendo este patrón urbano se pretendía transmitir estas cualidades a sus habitantes.

Para comprobar si esto era cierto, nos dirigimos a la entrada sur de la muralla (ya sabéis, la cabeza de la tortuga), dónde compramos una entrada en la que además de la propia muralla están incluidos los principales monumentos y casi una veintena de templos y residencias situados en el interior del recinto amurallado. El precio es de 150 yuanes (unos 20€), pero con el carné de estudiante o cualquier otra tarjeta que dé el pego os saldrá por la mitad (75 yuanes o 10€).

Junto con la entrada te dan un plano con todos los monumentos y lugares que podemos visitar, pero como no sé dónde lo he metido, os dejo el enlace a una web dónde podéis consultarlo o descargarlo: Plano con los principales monumentos de Pingyao

Con la entrada recién adquirida en la mano empezamos nuestra visita turística subiendo las escaleras que nos permiten encaramarnos a lo alto de la muralla, a 12 metros sobre el nivel de la calle.

De los 6 kilómetros de longitud que tiene, nosotros recorrimos aproximadamente unos 1500 metros en los que pudimos contemplar varias de las 72 torres de vigilancia y 3000 almenas que hacen de ésta la muralla mejor conservada de toda China.

Pingyao

Caminamos durante algo más de una hora sobre el pavimento adoquinado que antaño ocuparon las tropas defensivas de la ciudad...

Pingyao

...viendo las diferencias entre las calles salpicadas por algunas viviendas y los campos de cultivo situados fuera de la muralla más allá del foso de 4 metros de profundidad....

Pingyao

...y las calles mejor cuidadas y más concurridas de la ciudad medieval situada intramuros.

Pingyao

Desde lo alto de la muralla también logramos descubrir algo que a pie de calle sólo podemos intuir, y es el mar de tejados a dos aguas que se pierden entre la bruma y la fina llovizna que nos acompañó a ratos en las primeras horas de la mañana.

Pingyao

Terminado el paseo por la muralla, nos adentramos de nuevo por las calles de Pingyao y empezamos a caminar sin rumbo en busca de cualquier palacio, residencia, edificio gubernamental, templo o teatro que estuviese incluido en la entrada que adquirimos, pero conscientes de que teníamos que visitar a toda costa el Templo de Confucio y el Templo del dios de la ciudad.

Entramos en al menos 10 lugares entre los que recuerdo algún teatro, una escuela y una residencia de algún mandamás de la dinastía Ming, pero no me acuerdo del nombre de ninguno de ellos.
Aunque no fuimos buscándolo expresamente, entramos en alguno de los antiguos bancos de la ciudad (llamados tong), y es que durante el siglo XIX la ciudad de Pingyao se convirtió en el centro financiero de China cuando las principales empresas dedicadas al préstamo y cambio de dinero se establecieron en la ciudad.
Me pareció muy curioso el museo de artes marciales, que tenía en uno de sus patios un gran símbolo de Yin-yang...

Pingyao

...y un increíble muestrario de armas de guerra que están a disposición de todo aquel que quiera posar con ellas.
Os aseguro que no son simples réplicas y que el peso de algunas de ellas hacía realmente complicado manejarlas con soltura. No hay nadie vigilando, pero al menos un cartel te avisa de que tengas cuidado con un escueto "Attention safety".

Pingyao

Es una gozada poder caminar tranquilamente y con una libertad plena por los laberínticos pasillos de estas residencias y descubrir centenares de estancias ambientadas con la decoración típica de las dinastías Ming y Qing que realmente logran transportarte varios siglos atrás en el tiempo.

Pingyao

Antes de comer nos acercamos a visitar el Museo de la ciudad de Pingyao y el templo de Qing Xu.

Pingyao

Tal y como podemos leer en el cartel situado en la entrada, este es el único templo taoísta del mundo abierto al público. Está formado por unos 10 pabellones en los que encontramos museos y templos, todos ellos rodeados por cuidados jardines en una superficie que llega a los 6000 metros cuadrados.
A la entrada del templo nos encontramos cuatro majestuosas estatuas que más que dar la bienvenida parecen querer asustar al visitante con su aspecto amenazante...

Pingyao

Pingyao

...pero nada más cruzar esta puerta el templo despliega ante nosotros toda su belleza y tranquilidad.

Pingyao

Al final del templo llegamos al pabellón más importante, dónde varias personas realizan ofrendas arrodilladas e inclinándose ante la deidad principal del templo con unas varillas de incienso entre sus manos.
Nada más entrar, un monje taoísta nos "invita" a arrodillarnos con grandes aspavientos ante la gran estatua que preside la sala y nos entrega unas varillas de incienso mientras nos muestra como encenderlas en un pequeño pebetero. Le decimos que no queremos, que nos salimos si no se puede entrar (aunque no hay ningún cartel que lo prohíba), pero en vista de que el hombre insiste y casi nos empuja a arrodillarnos, accedemos.

Después de inclinarnos tres veces y clavar la varilla de incienso en un recipiente con arena nos levantamos para irnos, pero el monje nos bloquea el paso y nos indica con gestos que vayamos a una mesa.
También por gestos le decimos que nos vamos, pero arrastra a uno de nosotros hasta la mesa, así que los demás nos acercamos para comprobar como otro monje sentado en la mesa nos enseña un papel en el que aparece la cifra de 10 yuanes.
Le indicamos que no queremos comprar nada, que nos queremos ir, pero al final entendimos que nos querían cobrar 10 yuanes a cada uno por esta "ceremonia" y por un papel en el que no sabemos ni lo que ponía.

Tras un rifirrafe gestual conseguimos marcharnos sin tener que pagar lo que a todas luces tenía pinta de ser una manera de sacarle el dinero a los turistas casi por la fuerza, y es que, si estuviese anunciado en algún cartel o los modales del monje hubiesen sido más acordes con las enseñanzas taoístas, seguramente habríamos pagado gustosos los 10 yuanes por cabeza, algo más de 1€.

Desde aquí nos dirigimos al Templo de Confucio, muy fácil de localizar por esta puerta tradicional situada en las cercanías.

Pingyao

Este es otro de los imprescindibles de la ciudad y uno de los templos que a mi particularmente más me gustó.

Pingyao

Idílicos corredores adornados con árboles y arbustos que parecen fundirse con paredes profusamente ornamentadas...

Pingyao

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...y patios con centenares de tablillas colgadas de unas cintas rojas en las que cada persona ha dejado escritas sus peticiones, (que van desde una larga vida y salud a un matrimonio feliz y duradero) son sólo algunos de los rincones con encanto que encontramos en nuestro recorrido por el Templo de Confucio.

Pingyao

Visitamos diversas capillas en las que pudimos observar un gran número de estatuas, y echamos en falta no haber tenido algún guía o intérprete que nos hubiese explicado el significado de las estatuas, lápidas e inscripciones que hay por todas partes.

Pingyao

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Cuando salimos del Templo de Confucio eran ya las tres de la tarde, así que buscamos un sitio para comer entre la amplia variedad de restaurantes que ofrece la ciudad.

Un par de horas más tarde salimos de nuevo a las calles de Pingyao con la planificación hecha. Subiríamos a la torre central de la ciudad y visitaríamos el Templo del dios de la ciudad.

En pocos minutos llegamos a la torre situada en la South Street, a la que subimos por unas escaleras formadas por altos peldaños de madera pero muy estrechas y bajitas, aunque una vez arriba pudimos disfrutar de nuevo con la visión de la ciudad medieval de Pingyao desde las alturas.

Pingyao

En el estrecho corredor de madera que crujía a cada paso que dábamos, casi no cabía más de una persona a la vez, por lo que no hay mucho margen para entretenerse mientras contemplamos las construcciones, tiendas o simplemente el ir y venir de personas por una de las principales calles de la ciudad tanto en su tramo norte....

Pingyao

...como hacia el tramo sur de la misma.

Pingyao

Nada más bajar de la torre nos volvemos a encontrar con Vanesa y Roberto, que se apuntan a visitar el Templo del dios de la ciudad, así que los ocho ponemos rumbo a este templo, que se convertiría en la última visita del día y de la ciudad.

Pingyao

Este templo está dedicado al dios de la ciudad, Caishen, que según la leyenda China es el encargado de la fortuna, y a Zaojun, el dios de los alimentos.
Pero además de los pabellones dedicados a estos dioses, estuvimos recorriendo y visitando otras muchas estancias con espectaculares estatuas de madera, esculturas de piedra y pinturas murales distribuidas en las dos plantas de este templo.

Pingyao

Precisamente, al final de uno de los recónditos pasillos situados en la segunda planta me encontré un improvisado mirador desde el que pude asomarme a las viviendas y patios que rodean el templo.

Pingyao

También desde el segundo nivel del Templo del dios de la ciudad pudimos contemplar de cerca los tejados cerámicos que cubren parte de los pabellones y todos los motivos ornamentales basados en el dragón que podemos ver tallados en cada cañería o teja.
Sin duda alguna, este segundo nivel es el mejor lugar para descubrir la importancia del equilibrio y la simetría en la arquitectura tradicional China y volver a maravillarnos con esos tejados curvos tan característicos y que hasta ahora sólo había podido ver en fotografías o películas.

Pingyao

No se por qué pero de alguna manera este pequeño hueco en la pared se convirtió en una ventana que de repente se abrió de par en par dentro de mi y me hizo comprender, a los cuatro días de haber comenzado el viaje, que todo aquello era real y que estaba siendo un privilegiado por todo lo que hasta ese momento había visto, sentido y vivido en tierras Chinas.
Por este motivo y por el punto de inflexión que me supuso en el viaje, para mi este templo, y concretamente esta pequeña ventana, se convirtió en mi lugar favorito de la ciudad de Pingyao.

Después de este "momento de revelación divina" (jeje) desandamos el camino atravesando de nuevo cada uno de los patios en dirección a la salida mientras el sol comenzaba su lento descenso hacia el ocaso tras las murallas de la ciudad de la tortuga.

Pingyao

Nos despedimos de nuestros dos compañeros temporales de viaje y nos vamos camino del hotel para ir preparando las mochilas, porque en menos de 3 horas tenemos que estar en la estación de trenes.
A lo largo de los dos días que pasamos en Pingyao vimos numerosos locales en los que ofrecían masajes a buenos precios, así que como todavía nos sobraba algo de tiempo, decidimos darnos un pequeño homenaje y recuperar nuestros castigados pies con un foot massage de una hora por 40 yuanes cada uno.

Cuando entramos en el pequeño local y les dijimos que queríamos cinco masajes de pies y un masaje de espalda, una de las tres mujeres que estaban allí salió corriendo.
A los cinco minutos regresó con otras tres mujeres, no sabemos si familia, amigas o alguien que pasaba por la calle y empezaron a preparar todo para darnos el masaje.

Jesús eligió un masaje de espalda, pero Bea, Luci, Sara, Rodo y yo nos dejamos caer en los sofás más horteras de la historia mientras un magnífico masaje de pies le devolvió la vida a nuestras piernas de rodillas hacia abajo.

Pingyao

Parece mentira pero salimos como nuevos y con energías renovadas terminamos de preparar las mochilas antes de hacer el check-out y subirnos en la furgoneta del hostel que nos llevó a la estación de trenes.

A las 20:45 y tras esperar una media hora tirados en el suelo de la estación junto con otras 200 personas, subimos al tren que se convertiría en nuestro hogar, o mejor dicho nuestra prisión durante las interminables e insufribles 10 horas de recorrido hasta Xi-an, pero eso ya es otra historia que podréis leer en la siguiente etapa del viaje...

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