Camino Inca día 2: el paso de Warmiwañusca ~ PhotoViajeros - Los relatos de mis Viajes, Rutas y Escapadas

Camino Inca día 2: el paso de Warmiwañusca

Esta segunda jornada es cuando podemos considerar que comienza el auténtico Camino Inca.
Aunque el recorrido es de apenas 9 Km su dificultad es alta debido al gran desnivel que nos encontraremos, ya que ascenderemos desde los 2950 metros de altitud a los que está situado el campamento de Hatunchaca a los 4215 m. del paso de Warmiwañusca.
Desde allí comenzaremos un descenso rompe piernas hasta los 3500 metros de altitud, dónde está situado nuestro segundo campamento del Inka Trail, el campamento de Paqaymayu.
Los peligros y retos a los que nos enfrentamos en esta segunda etapa fueron una gigantesca escalera construida por los antiguos incas, la altitud, la sobrecarga muscular y un terreno que puso a prueba nuestra fortaleza física y psicológica en más de una ocasión...

Camino Inca

Si queréis ver y leer cómo es la etapa más dura del Camino Inca no os perdáis el resto del artículo...


Presupuesto del día (precios verano de 2013):

  • Porteador: 90 soles/10 kilos
  • 2 botellas de gatorade: 16 soles
  • Botella de agua de 2,5 litros: 12 soles (total 4 personas)

Total presupuesto para 1 persona: 42 soles (12€ aproximadamente)
Tasa de cambio utilizada: 1€=3,6 soles

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Durante la noche y unas dos horas después de acostarnos el cielo descargó una potente tormenta de viento, truenos y agua sobre el campamento de Hatunchaca. Durante un buen rato fue prácticamente imposible dormir por culpa de la lluvia y las fuertes ráfagas de viento que golpeaban con furia nuestra tienda. De vez en cuando el eco de los truenos que retumbaban en las montañas que rodeaban el profundo valle en el que estábamos hacían temblar hasta el suelo, y algunas partes de la tienda de campaña empezaban a estar húmedas.

Por fin, tras una hora de intensa tormenta todo quedó en silencio y me pude dormir...aunque lo peor de la noche estaba por llegar.

Al poco rato me desperté tiritando de frío y con un intenso dolor de estómago. Cuando encendí la luz de mi frontal pude ver cómo la cremallera del saco de dormir estaba prácticamente abierta hasta la altura de las rodillas. Intenté cerrarla, pero en cuanto me movía un poco la cremallera volvía a deslizarse hacia abajo dejando la mayor parte de mi cuerpo sin ningún tipo de abrigo.

Los pinchazos y retortijones de tripa fueron en aumento y me obligaron a abandonar el "calor" de la tienda de campaña y salir al exterior para dirigirme a los baños del campamento, que estaban situados a unos 50 metros.
Todo estaba empapado y lleno de charcos dejados por la tormenta, hacía mucho frío y una humedad que calaba en los huesos acrecentaba aún más esa sensación.
Allí estaba yo, en un valle del Camino Inca "dándolo todo" en un cuarto de baño minúsculo y bastante sucio con la única luz de un frontal. Mi tripa había dicho basta, y una descomposición como jamás he tenido en mi vida me estaba haciendo perder todos los líquidos y la cena que tenía en mi estómago a pocas horas de emprender el tramo más duro y complejo del trekking.

Tras diez minutos realmente malos volví a la tienda con la esperanza de poder descansar hasta la hora de partida y reponer fuerzas con el desayuno...pero no fue posible.

Hasta en cinco ocasiones más tuve que volver al baño. Bebía agua pero a los 10 minutos había expulsado más del doble. Me estaba deshidratando y con tanta ida y venida no me daba tiempo a entrar en calor. Hubo un momento en el que me puse toda la ropa que llevaba en la mochila y aun así estaba congelado. En las últimas escapadas al baño notaba que las piernas empezaban a temblarme, comenzaba a tener ganas de vomitar y ya no me atrevía ni a beber más agua.

En ese momento llegué a estar bastante asustado y fui totalmente consciente de que en esas condiciones no podría seguir con el Camino Inca, así que preocupado y decepcionado al ver que para mí el sueño de llegar a Machu Picchu a través del Inka Trail se esfumaba, logré dormirme a eso de las 5:00 de la mañana.

Sólo una hora más tarde los guías comenzaron a tocar en nuestras tiendas para despertarnos y que empezásemos a preparar las mochilas antes del desayuno.

Cuándo Chema se despertó le conté la noche tan movidita que había tenido y me echó la bronca por no haberle avisado. Después se lo conté a Bea y Jesús y les dije que me volvía a Cuzco, dónde les esperaría para retomar el viaje juntos cuando volviesen de Machu Picchu.

A continuación y después de una nueva visita al baño mientras el resto del grupo desayunaba, le conté a Percy, uno de los guías, lo que me había pasado por la noche y las condiciones en las que estaba.

Me comentó que pensase bien lo que iba a hacer, porque ese era el último lugar desde el que se podía volver de una manera más o menos fácil hasta la civilización, ya que a partir de esa segunda jornada, aunque estuviese malo no habría más opciones que seguir adelante hasta llegar a Machu Picchu.
Un porteador me acompañaría por el mismo camino que habíamos hecho el día anterior hasta el lugar dónde comenzamos el trekking, en el kilómetro 82 de las vías del tren que une Cuzco con Aguas Calientes. Desde allí, me tendría que buscar la vida por mi cuenta sacando un billete de tren, contratando un transporte... y perdería todo el dinero que ya había pagado por el Camino Inca y la visita a Machu Picchu.

La vía de escape hacia la civilización tampoco era mucho mejor que continuar con el camino, ya que tendría que caminar durante 10 kilómetros y una vez allí conseguir un transporte a Ollantaytambo o Aguas calientes, las dos poblaciones más cercanas.

Para asentar un poco el estómago me dieron un té negro doble que estaba hirviendo, algo que agradecí para poder entrar en calor después de muchas horas pasando frío.
La infusión hizo su efecto al lograr aplacar los retortijones de estómago y eliminando las ganas de vomitar.

Los porteadores ya habían desmontado todas las tiendas y hacía rato que habían abandonado el campamento, aunque todavía quedaban 3 o 4 que ultimaban unos enormes sacos en los que casi todos los miembros del grupo habían dejado la mayor parte de sus pertenencias para poder realizar el ascenso al paso de Warmiwañusca con menos peso.

Dos de los guías partieron con todo el grupo y sólo quedamos en Hatunchaca Percy, dos porteadores, Bea, Jesús, Chema y yo.

La decisión era muy complicada, ya que si hubiese habido un pueblo con carretera a una hora de camino estoy convencido de que hubiese abandonado, pero tras mucho pensarlo, decidí seguir adelante y encomendarme a todos los dioses incas para que me ayudasen a superar el tremendo reto que se me presentaba por delante:
La jornada más dura del Camino Inca, con un desnivel de más de 1000 metros, cuestas, escaleras interminables, la amenaza siempre presente del soroche, el cansancio por no haber podido dormir en toda la noche y sobre todo, la falta de energía al no llevar más alimento en el estómago que un té negro.

Chema se encargaría de llevar mi botella de agua en su mochila, así que le entregué toda mi mochila a uno de los porteadores (incluida la cámara de fotos), que terminó de montar su saco y salió casi corriendo para alcanzar al resto de sus compañeros. En esta segunda jornada es muy habitual contratar un porteador que por 90 soles carga con las mochilas de los senderistas hasta un máximo de 10 kg. así que más o menos, cada porteador suele llevar las mochilas de 4 o 5 personas, por lo que sale bastante barato (menos de 10€ por persona) y es muy muy recomendable.

Desde ese instante me aislé bastante de todo y de todos. Tenía que concentrarme en utilizar las pocas fuerzas que me quedaban en avanzar y superar el enorme reto del paso de la mujer muerta, así que mi única prioridad se convirtió en caminar, caminar y caminar.

No tenía yo el cuerpo como para hacer fotos, así que todas las que aparecen en este artículo las he sacado de las fotos hechas por Bea, Chris, Hugo y Mirian. ¡Muchas gracias chic@s!

Aproximadamente 15 minutos después nos reunimos con el resto del grupo y los otros dos guías, que nos estaban esperando en el campamento de Wuayllabamba.
Allí aproveché para comprarme una bebida isotónica por 8 soles. Necesitaba empezar a recuperar los líquidos perdidos y todavía no me fiaba mucho de beber agua por si me daba otro apretón, y además, un gatorade me aportaría las sales minerales que también se habían esfumado durante la noche.

Camino Inca

Desde allí comenzamos la ascensión abriéndonos paso a través de bosques de eucaliptos por una interminable escalera construida por los incas hace más de 500 años.

Camino Inca

Miles de escalones de piedra atraviesan una zona de espesa vegetación en dónde la humedad era muy alta, la pendiente interminable y las paradas para recuperar el aliento constantes.
Muchos comenzaron a mascar la hoja de coca para luchar contra los síntomas del mal de altura, pero al preguntarle a uno de los guías si yo también podía me contestó que ni se me ocurriese, que en mi estado podía ser bastante problemático.

Pronto el grupo se fue separando en grupúsculos más pequeños, y es que uno de los principales consejos en la montaña es que cada uno siga su propio ritmo, ya que adaptarse al resto del grupo puede ser agotador y acaba pasando factura.

Camino Inca

Sorprendentemente fui adelantando a varias personas tanto de mi grupo como de otros. No sé como pero a pesar de todo me encontraba fuerte y decidido a terminar esa etapa.
Al final la interminable escalera de roca abandonó la selva justo en el lugar donde un buen número de personas descansaban y reponían fuerzas antes de afrontar el último y más agotador tramo del ascenso.

Según nuestros guías ese era el último lugar en el que podríamos comprar agua, bebidas energéticas y algunas chocolatinas o snacks hasta que llegásemos a Machu Picchu, así que aprovechamos para comprar una nueva botella de agua de 2,5 litros (12 soles) que repartimos entre los cuatro, un par de bolsas de chips de plátano y otra botella de gatorade para mí.

Camino Inca

El trozo de cielo que se ve al fondo de la fotografía anterior muestra el punto exacto por el que se cruza el paso de Warmiwañusca, así que todavía nos quedaba un buen tramo de escaleras y rampas de tierra hasta llegar a nuestro primer objetivo del día.

Antes de emprender el ascenso nuestros guías nos dieron varios consejos para llegar hasta allí sanos y salvos: "Tomároslo con calma y subid cada uno a vuestro ritmo. Intentad no parar mucho y si es necesario caminad más despacio. Hidrataros bien y mascad hojas de coca si os empieza a doler la cabeza o notáis algún síntoma del mal de altura. El siguiente punto de encuentro es el paso de Warmiwañusca".

Desde ese punto los escalones de piedra parecían dirigirse directamente hacia el cielo en busca de los dioses incas. Un escalón tras otro íbamos ganando altura a la vez que descontábamos kilómetros hacia el paso de montaña. La altura se dejaba sentir y cada paso comenzaba a suponer un auténtico reto. La falta de oxígeno y el cansancio acumulado empezaba a pasar factura a mucha gente que tenía que sentarse a los lados del camino para recuperar el aliento. El cielo se cubrió de nubes y amenazaba con descargar sobre nosotros un aguacero similar al de la noche anterior. Lo que faltaba.

Camino Inca

Sin embargo, gracias a que se nubló la subida se hizo menos "cuesta arriba" que si hubiésemos tenido que caminar con el sol de mediodía calentando nuestros cogotes y sin una sola sombra en la que refugiarnos.

Por fin, después de unos últimos metros en los que ya nos flaqueaban las fuerzas, conseguimos alcanzar el paso de la mujer muerta. Lo había conseguido, lo que tan solo 5 o 6 horas antes parecía el final de mi Camino Inca ahora se había convertido en todo un subidón de alegría y optimismo al alcanzar los 4215 metros y superar el primer "Match Ball" del día.

Camino Inca

Me llevé una sorpresa al comprobar que éramos los terceros o cuartos del grupo en llegar, así que mientras esperábamos al resto aprovechamos para comer unos cuantos chips de plátano bajo un viento helador...

Camino Inca

...pero disfrutando con las espectaculares y sobrecogedoras vistas del camino por el que acabábamos de subir rodeado por montañas de más de 5000 metros de altura.

Camino Inca

Rober y Marcia charlaban animadamente a la espera de Percy y los más rezagados...

Camino Inca

...que no llegaron con ganas de posar para una foto de grupo en la que todos salimos con cara de victoria y exultantes de alegría por la hazaña conseguida.

Camino Inca

Como algunos ya llevábamos más de 30 minutos en el paso de Warmiwañusca, nuestros guías dijeron que era hora de ponerse en pie y comenzar el descenso antes de que alguien se congelase o a alguno le afectase el esfuerzo y la altura, así que les hicimos caso y comenzamos a bajar por otra interminable escalera que se adentraba en un nuevo valle cubierto por un mar de nubes bajas.

Camino Inca

A medida que íbamos descendiendo notamos como nuestros oídos iban destaponándose a la vez que las rodillas y las piernas comenzaban a acusar la larga y pronunciada bajada por una aparentemente infinita escalera de roca que parecía hecha por y para gigantes.
Algunos de sus escalones debían medir más de medio metro, por lo que tuvimos que hacer uso de los bastones de madera para facilitar nuestros pasos por la montaña y frenarnos en algunas de las empinadas y húmedas rampas de piedra, la mezcla perfecta para resbalarse y pegarse un leñazo antológico.

Cuanto más bajábamos menos viento hacía y más subía la temperatura. Al fondo se empezaba a vislumbrar el campamento de Paqaymayu rodeado por una frondosa vegetación.

Camino Inca

El tramo final de esta segunda jornada nos regaló de nuevo un paisaje de montañas rodeadas por nubes y una espesa vegetación rota únicamente por el trazado del Camino Inca y el campamento más grade de todo el trekking.

Camino Inca

Al llegar a nuestro campamento los porteadores ya tenían preparadas todas las tiendas, las mochilas de todo el grupo extendidas sobre una lona y la carpa-comedor con la merienda sobre la mesa. Sin lugar a dudas, éstos son los auténticos héroes del Camino Inca, gracias a ellos los turistas y viajeros podemos disfrutar del camino sin preocuparnos de nada más.

Camino Inca

Después del reparto de las tiendas y de "asearnos" mínimamente nos sentamos todos en la carpa-comedor para dar buena cuenta de la merienda mientras comentábamos todo lo que habíamos visto (y sufrido) a lo largo del día.
Era el cumpleaños de uno de los porteadores, y aunque parezca mentira, el cocinero había tenido tiempo de prepararle una tarta que compartimos entre todos: guías, porteadores y senderistas comimos de ella como si de una gran familia se tratase.

Camino Inca

Como os comentaba antes, éste es el campamento más grande de todo el Camino Inca. Cuenta con unos baños bastante grandes equipados con letrinas, duchas y hasta lavabos, pero cuando entramos casi acabamos vomitando.

El intenso olor de un suelo encharcado de orín y restos de mierda por todas partes hacían el aire totalmente irrespirable y quitaban las ganas a cualquiera de acercarse a menos de 100 metros de allí.
Tal y como sucedió el día anterior nos quejamos a los guías, pero como había otros 7 u 8 grupos en el campamento, nadie se quiso encargar de la limpieza de los baños.

Es una vergüenza que tanto las agencias que operan en el Camino Inca como el gobierno peruano permitan que una de sus principales fuentes de ingresos tenga unas instalaciones tan abandonadas y con tan pocas medidas higiénicas como éstas. Por lo que cobran a cada una de las personas que realizan el trekking (500 diarias) ya podían tener a alguien encargado de la limpieza de esta y otras instalaciones del camino.

Visto lo visto, si esa noche hubiese tenido los mismos problemas estomacales que la noche anterior me habría ido a las afueras del campamento, porque me negaba a coger cualquier infección en ese asqueroso lugar.

A eso de las 18:00 cenamos. Yo no comí mucho porque seguía con la tripa un poco revuelta pero sin "expulsar" nada más desde la mañana.
Mi postre fue otra infusión de té negro que tan bien me había ido durante todo el día.
En cuanto se puso el sol el valle dónde está situado el campamento de Paqaymayu quedó a oscuras, así que no más tarde de las 20:00 ya estábamos en las tiendas preparándonos para dormir y recuperar fuerzas de un día agotador pero que en mi caso había terminado mucho mejor de lo que había empezado.

Podía sentirme orgulloso porque gracias a la fuerza de voluntad demostrada a lo largo de todo el día había conseguido superar con nota el día más duro del trekking. Estaba cansado, pero muy poco teniendo en cuenta que había caminado durante 9 kilómetros con la única energía de unos chips de plátano y un par de botellas de gatorade.
A partir del día siguiente el camino era mucho más asequible y los paisajes prometían aumentar en espectacularidad, así que no perdí ni un minuto más y me metí en el saco con la esperanza de dormir de un tirón hasta el amanecer del día siguiente...


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