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Perú: Pisac y Ollantaytambo

Llegó el día en el que comenzamos a descubrir el Valle Sagrado de los Incas por nuestra cuenta.

Viajamos hasta Pisac y Ollantaytambo para visitar dos de los principales sitios arqueológicos de este valle, y lo hicimos utilizando el transporte público de la zona, algo que nos gustó mucho por la mañana pero que se convirtió en un auténtico suplicio durante el camino de vuelta.
Gigantescos bloques de piedra, enormes andenerías andinas, historias de Incas y conquistadores españoles y unos complejos arquitectónicos absolutamente asombrosos fueron los ingredientes perfectos para cocinar nuestra primera ruta por el Valle Sagrado de los Incas.

Pisac

A continuación encontraéis el relato completo del décimo día de viaje por el sur de Perú...


Presupuesto del día (precios verano de 2013):

  • Autobús Cuzco - Pisac: 2,5 soles
  • Taxi Pisac - entrada al yacimiento Arqueológico de Pisac: 25 soles (total 4 personas)
  • Guía del yacimiento arqueológico de Pisac: 45 soles (total 4 personas)
  • Boleto turístico de Cuzco y el Valle Sagrado: 130 soles
  • Empanada de carne en Pisac: 3 soles
  • Autobús Pisac - Urubamba: 2,5 soles
  • Taxi Urubamba - Ollantaytambo: 12 soles (total 4 personas)
  • Furgoneta Ollantaytambo - Urubamba: 1,5 soles
  • Combi Urubamba - Cuzco: 4 soles
  • Taxi estación de autobuses Cuzco - Plaza de Armas: 5 soles (total 4 personas)

Total presupuesto para 1 persona: 165 soles (47€ aproximadamente)
Tasa de cambio utilizada: 1€=3,5 soles

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Este era el primero de los 3 días del viaje que dedicaríamos a descubrir el Valle Sagrado de los Incas, una zona cercana a Cuzco en la que se pueden encontrar restos arqueológicos absolutamente espectaculares e imprescindibles si visitamos el sur de Perú.

Si preferís realizar esta visita de una manera más cómoda y organizada o tenéis pensado pasar pocos días en Cuzco, la mejor manera de optimizar el tiempo es realizar un tour de dos días por el Valle Sagrado y Machu Picchu.
  
Para aprovechar bien el día tuvimos que madrugar, así que a las 6:45 ya estábamos en pie y bajando a desayunar después de una reparadora noche de sueño en nuestro pintoresco y acogedor hostel Llipimpac.

Allí mismo preguntamos al personal de recepción (que también es quien te sirve el desayuno o te soluciona cualquier otro problema o duda acerca del alojamiento o la ciudad) por el lugar donde podíamos coger algún autobús que nos llevase hasta Pisac, la localidad que habíamos elegido como punto de partida para comenzar a disfrutar del Valle Sagrado.

Tuvimos suerte, ya que teníamos una pequeña estación de autobuses a escasa distancia de nuestro alojamiento, concretamente en la avenida Tullumayo (clic aquí para ver la localización aproximada de la estación de autobuses a Pisac)

No tardamos más de 5 minutos en llegar, así que nos subimos al primer autobús que salió con dirección a Pisac, que parten desde aquí cada 15 o 20 minutos y cuestan solo 2,5 soles por persona.

El trayecto hasta Pisac dura 1 hora aproximadamente a pesar de encontrarse a tan solo 33 kilómetros, pero al tener que parar cada vez que alguien quería subir o bajar en alguna de sus paradas, el viaje se demoró algo más de la cuenta. Preguntad al conductor o a la persona que os cobra los boletos del autobús por la parada de Pisac para que os avise cuándo hayáis llegado.
A las 9:00 de la mañana ya estábamos caminando por las calles de Pisac rumbo al mercadillo de artesanías que montan en su plaza, pero al ser tan temprano todavía estaban preparando los puestos, así que decidimos subir directamente hasta las ruinas.

Hay dos opciones, la primera es subir andando los 13 kilómetros que hay desde el pueblo hasta la entrada al recinto (no aconsejable) o en taxi, cuyo precio fijado es de 25 soles.

En la entrada del recinto encontramos vendedores con agua, gorros... y varios guías que se ofrecieron a contarnos cada secreto de estas impresionantes ruinas.
Al final elegimos a Felipe, la persona que se ofreció a guiarnos durante mayor tiempo y acordamos con él un precio de 45 soles (13€ aprox.)

Ya sólo nos quedaba conseguir la entrada al recinto, que obligatoriamente hay que comprar junto a la de otros museos y recintos arqueológicos del Cusco y el Valle Sagrado.

Hay 3 boletos parciales que cuestan 70 soles cada uno y que permiten el acceso a diferentes circuitos del Valle o la ciudad de Cuzco, pero lo más interesante es adquirir el boleto completo que permite el acceso a los 16 principales recintos arqueológicos y museos de toda la zona durante 10 días.
Podéis adquirir este boleto en la entrada de cualquiera de los recintos que incluye o en varias oficinas y agencias de viajes de la ciudad de Cuzco.

Boleto turístico del Cusco

Tarifas:

  • Extranjeros: 130 soles (37€ aprox.)
  • Estudiantes: 70 soles (20€ aprox.)(sólo para estudiantes menores de 26 años con tarjeta ISIC)
  • Niños menores de 10 años: gratis

Nota: Este boleto no incluye la entrada al Complejo de Qoricancha

Por fin comenzamos la visita, y las primeras instantáneas que pudimos observar de todo el valle, las montañas cercanas y las primeras ruinas nos hicieron comprender la importancia de este enclave arqueológico estratégicamente situado en un cerro desde el que se puede controlar buena parte del Valle Sagrado.

Pisac

Unos metros después hicimos un alto en el camino para escuchar algunas historias con las que Felipe, nuestro guía, consiguió ponernos en situación a través de numerosos datos acerca de los Incas y su expansión por el Valle Sagrado explicándonos mediante mitos y leyendas la historia que dio origen a esta importante ciudadela incaica, pero lo mejor de todo fue el lugar elegido para esta explicación, un sobrecogedor mirador situado en el límite del mayor sector de andenerías (terrazas) agrícolas.

Pisac

Según nos contó nuestro guía, Pisac contaba con hasta 16 sectores de andenerías agrícolas repartidos por todo el complejo. De hecho, este es el lugar con mayor variedad de terrazas de la zona, ya que se pueden ver terrazas de diferentes estilos y tamaños, unas aprovechando la inclinación del terreno, otras protegidas por murallas...

Desde aquí continuamos caminando hasta el siguiente núcleo de interés, la zona funeraria y la ciudadela de Q'allaqasa.

Pisac

El agua fue un elemento de suma importancia en Pisac, y eso se puede ver en las canalizaciones y acueductos que servían tanto para distribuir el agua por todas las zonas de cultivo como para el consumo de sus habitantes. De hecho, todavía se pueden contemplar algunas canalizaciones de agua y fuentes que se cree que fueron utilizadas en ceremonias religiosas debido a la calidad del tallado de las piedras con las que están hechas y por otros elementos como las asas que se pueden ver en la fuente principal, que se supone que era utilizada en baños ceremoniales.

Pisac

Desde la base de la ciudadela de Q'allaqasa se divisan nuevas terrazas de cultivo, la fuente ceremonial...

Pisac

...y justo al otro lado del riachuelo Quitamayu un cementerio inca excavado en la roca y que es conocido como Tankanamarka, en el que según nos contó el guía, llegó a haber más de 10000 tumbas.
Esta necrópolis se extendía a lo largo de más de 1 kilómetro sobre un talud de aproximadamente 100 metros de altura, y en ella reposaron durante siglos miles de momias junto a sus objetos más preciados hasta que un día estas tumbas fueron descubiertas y profanadas para saquear las joyas y otros objetos hechos a base de metales y piedras preciosas. En la actualidad solo se pueden ver los agujeros por los que los saqueadores accedieron a cada una de las tumbas.

Pisac

Continuamos la ruta para detenernos unos instantes después junto a una de las cinco puertas existentes en la muralla que protegía la zona más sagrada y privada del antiguo Pisac y cuyo nombre es Amaru Punku (Puerta de las Serpientes), la única de las cinco que posee un dintel.

Pisac

Desde este punto la visita continúa por un estrecho camino situado entre una pared de roca y el precipicio existente entre nosotros y las andenerías situadas varias decenas de metros por debajo de nuestro nivel...

Pisac

...y con un viaje a través de las entrañas de la tierra a través de un túnel de 16 metros de longitud.

Pisac

Nada más cruzar este túnel hicimos otra pequeña parada para escuchar una nueva explicación de Felipe y contemplar parte del valle y la zona principal de andenerías desde otro punto de vista.

Pisac

Poco después llegamos a otro lugar mágico del complejo. Estábamos solos junto a las ruinas de uno de los múltiples torreones que jalonan el recorrido. Desde ese lugar teníamos vistas al Valle Sagrado y a la nueva ciudad de Pisac. En ese instante Felipe sacó una flauta andina y tocó una melodía dedicada a los Apus, las montañas que nos rodeaban.

Pisac

Fueron unos instantes de calma y relax que consiguieron ponernos en conexión con la naturaleza que nos rodeaba. Este era el lugar preferido de nuestro guía, el cual nos confesó que lo visitaba a menudo ya fuese con turistas o a solas, pero siempre acompañado de la música de su quena.

Este momento fue el preludio perfecto para afrontar la visita al sector más importante de este parque arqueológico.
Tras una caminata de un par de minutos llegamos al primero de los tres niveles en que se divide el barrio de Intiwatana, la zona de palacios y templos mejor conservados y con mayor calidad y belleza arquitectónica.

Pisac

Según diversos historiadores y arqueólogos, el artífice de este complejo fue el Inca Pachacútec, que hizo construir aquí su Hacienda Real. La ubicación de este lugar no está elegida al azar, sino que todo forma parte de una calculada planificación urbanística.
Las ruinas de Písac forman, junto con Cuzco y la zona arqueológica de Piquillacta, un triángulo equilátero de 33 Km. de lado. ¿Simple casualidad? Seguramente no.

Una de las primeras construcciones que encontramos en la parte alta del barrio de Intiwatana es la propia casa de Pachacútec, cuyo mayor atractivo (además de las vistas) es que se trata de una edificación de dos pisos.

Pisac

En el siguiente nivel se encuentra un amplio altar ceremonial, desde el que se puede contemplar todo el entramado de edificios, callejones y fuentes diseminados por la zona central de este sector de Pisac.

Pisac

El edificio principal es el templo del sol, una construcción circular que rodea una afloración rocosa que ha sido tallada de tal manera que durante el solsticio de verano queda orientada perfectamente hacia el lugar por el que sale el sol, algo que únicamente volveríamos a encontrar en Machu Picchu.
Se cree que este templo se utilizaba como observatorio astronómico y en todo tipo de ceremonias religiosas.
Además, en esta parte del complejo la mayoría de los muros son realmente asombrosos. No existe ningún tipo de imperfección en los grandes bloques de piedra pulida con que están construidos cada uno de los edificios de este sector y que encajan a la perfección entre todos ellos. Realmente increíble.

Pisac

En este punto nos despedimos de nuestro guía, que aprovechó para vendernos un "ungüento mágico" para el dolor de cabeza y varios colgantes que representaban la cruz andina.
Le pagamos encantados los 45 soles que habíamos acordado con él, ya que los amortizamos más que de sobra con todas las buenas explicaciones e historias que nos contó acerca de la cultura inca y el yacimiento arqueológico de Pisac.

A partir de aquí tendríamos que seguir por nuestra cuenta, pero antes de dejarnos, Felipe nos indicó el camino a seguir para llegar hasta el pueblo de Pisac de manera que pudiésemos atravesar otras dos zonas de restos arqueológicos y nuevos sectores de andenerías agrícolas.

Antes de abandonar el barrio de Intiwatana estuvimos recorriendo de nuevo cada uno de sus rincones, y yo aproveché para subir a un cerro situado al otro lado para observar desde aquí todo este sector desde un punto de vista diferente.

Pisac

Otra de las zonas que visitamos mientras regresábamos hacia el nuevo pueblo de Pisac fue el barrio de Pisaq’a, surgido a partir de unas laboriosas obras en las que se rebajó el nivel original del terreno hasta conseguir una planicie lo suficientemente grande como para poder albergar los cerca de 30 edificios que componen este barrio construido en forma semicircular para aprovechar la forma de la montaña. Una nueva lección de planificación urbanística e integración con la naturaleza.

Pisac

A poca distancia de allí nos encontramos con otro grupo de construcciones erigidas en una zona tremendamente escarpada y de difícil acceso en la que varias torres parecían custodiar y proteger los restos de lo que antaño tuvo que ser una ajetreada e importante población.

Pisac

Desde este punto comenzamos un constante descenso hacia el Pisac colonial, contemplando desde las alturas gran parte del Valle Sagrado y comprobando como era cierta una de las historias que nos había contado nuestro guía. Nos comentó que cuando fuésemos bajando podríamos ver como el río Vilcanota discurría en línea recta, otra de las colosales obras de ingeniería realizadas por los incas, que fueron capaces de encauzar su río sagrado desde Pisac hasta Ollantaytambo con fines agrícolas, ¡nada más y nada menos que 60 kilómetros!

Pisac

A medida que descendíamos hacia el valle el calor iba en aumento, pero el camino al ser todo bajada no supuso un gran esfuerzo. Además, hay que atravesar varias terrazas y pudimos subir y bajar por los escalones situados en los muros de contención de cada uno de los niveles de estas andenerías, así que los 45 minutos que estuvimos caminando se nos pasaron volando.

Pisac

En el siguiente vídeo podéis ver un corto resumen de algunos de los lugares más interesantes de este impresionante sitio arqueológico:


Una vez llegamos al pueblo, estuvimos cerca de una hora paseando por el mercadillo de artesanías, telas y productos típicos que a pesar de ser interesante, nos pareció demasiado orientado a los turistas.

Pisac

Después de este paseo por el mercadillo buscamos uno de los famosos hornos de leña en los que preparan empanadas de todo tipo. Nosotros optamos por el Horno de Santa Lucía, dónde compramos varias empanadas para comer a 3 soles cada una. Riquísimas y totalmente recomendables.

Una vez saciado el apetito, preguntamos por el lugar en el que podíamos coger un autobús hasta Urubamba, una escala necesaria para llegar a Ollantaytambo, nuestro siguiente destino.
Nos dijeron que el autobús lo podíamos coger en la carretera que bordea el río, cerca del Hospital: (clic aquí para ver la localización aproximada de la parada de autobuses en dirección a Urubamba)

No tuvimos que esperar más de 5 minutos hasta que apareció un pequeño y destartalado autobús cargado de pasajeros que transportaban bolsas y mochilas de diversos tamaños y hasta sacos rebosantes de todo tipo de mercancías.

El precio del billete es de 2,5 soles y la duración del trayecto 1 hora. Durante todo ese tiempo viajamos unas veces de pie y otras sentados sobre cajas o bolsas gigantes que se amontonaban en la parte delantera del autobús.
Fue casi al final del todo cuando conseguimos ocupar unos asientos que no eran mucho más cómodos que el suelo o las bolsas sobre las que habíamos viajado durante algunos momentos.
A pesar de no ser un trayecto muy cómodo, nos gustó mucho poder compartir este trayecto con los habitantes del Valle Sagrado, charlar con ellos y escuchar sus conversaciones (ya sé que es de mala educación, pero que levante la mano el que no ha puesto la oreja en el metro o el autobús en alguna ocasión).

Cuando llegamos a Urubamba preguntamos a sus habitantes por el lugar en el que se cogían los autobuses o colectivos hacia Ollantaytambo, pero después de esperar unos 15 o 20 minutos en la parada decidimos coger un taxi que por 12 soles nos llevó en tan solo 30 minutos hasta la mismísima puerta de esta ciudad repleta de turistas.

Desde la plaza de Ollanta, el nombre coloquial con el que se conoce también a esta ciudad, enfilamos por la calle principal, cruzamos un puente sobre el río Patakancha y nos pusimos en la cola de entrada al recinto arqueológico de Ollantaytambo.

Aquello parecía la hora punta de las visitas organizadas, ya que decenas de grupos seguían en masas uniformes e indivisibles a sus correspondientes guías, y una interminable hilera de personas mostraba a la perfección el camino a seguir.
Tras sellarnos el boleto turístico cruzamos las puertas de la entrada y logramos adelantar a un par de masificados grupos de unas 40 personas cada uno justo antes de comenzar el ascenso entre las andenerías que preceden a la parte más interesantes del conjunto.

Ollantaytambo

En una de las terrazas nos detuvimos a leer unas pinceladas acerca de la historia y la importancia de este lugar que venía en nuestra guía de viajes.
Por la mañana, el guía que nos acompañó durante dos horas por Pisac también nos habló un poco acerca de Ollantaytambo y su enorme importancia durante el imperio inca y la posterior conquista española:

Tenemos que remontarnos hasta la época del Inca Pachacutec, el cual ordenó la construcción de un tambo (ciudades situadas cada 20 o 30 kilómetros en el camino inca y que servían como lugar de descanso y acopio de alimentos, lana, leña u otros materiales básicos para la supervivencia.) en la confluencia de los ríos Patakancha y Vilcanota.

Durante años se construyeron las terrazas agrícolas, se amplió el pueblo, se levantaron varios templos y se excavaron los espectaculares graneros que se pueden ver en la montaña situada al otro lado del pueblo. También escuchamos a los guías que en la silueta que dibuja la montaña en su parte izquierda se puede observar el rostro del dios Viracocha, pero nosotros no fuimos capaces de verlo.

Ollantaytambo

Tanto en el propio Ollantaytambo como en las aldeas cercanas surgió un importante centro agrícola que hizo de ésta una de las zonas más prósperas de todo el valle Sagrado.
Tras la muerte de Pachacutec, Manco Inca Yupanqui hizo de Ollanta la capital del malogrado imperio Inca. Era la época de la conquista, y los españoles habían logrado hacerse con la antigua capital inca de Cuzco.
Durante años, este fue el último reducto de los incas antes de su retirada definitiva a los bosques de Vilcabamba, así que para resistir las embestidas del ejército español fortificaron tanto la ciudad como sus alrededores. Este era un importantísimo punto estratégico del Valle Sagrado en el que confluían varios caminos por los que se suministraban las riquezas al reino inca, pero además, era la última fortaleza inca antes de Machu Picchu, así que había que protegerlo a toda costa.

Según algunas fuentes, Manco Inca Yupanqui ordenó eliminar varios puentes y caminos que conducían hasta otras poblaciones incas antes de su huida, permitiendo de esta manera que lugares como la ciudadela de Machu Picchu permaneciese perdida y oculta entre las montañas del sur de Perú durante varios siglos más y a salvo de los saqueadores.

Tras esta puesta en antecedentes que nos sirvió para entender en parte la gran importancia del lugar en el que estábamos, continuamos nuestra visita rodeados por una incesante marea humana...

Ollantaytambo

...que prácticamente se agolpaban unos encima de otros en la parte superior de la ciudadela, el lugar en el que transcurría la vida religiosa, política y militar de Ollantaytambo.

Ollantaytambo

Allí nos acercamos a varios grupos para escuchar las explicaciones de sus guías sobre el templo del sol, el tipo de materiales utilizados en su construcción, algunas técnicas de tallado y pulido de los enormes bloques de piedra o los sistemas empleados para mejorar la resistencia de sus construcciones a los terremotos.

Tal y como nos sucedió por la mañana, nos quedamos boquiabiertos por la perfección de estas construcciones y por los mosaicos formados a base de bloques de piedra tallada encajados con una precisión milimétrica entre sí. ¿Cómo lo consiguieron?

Ollantaytambo

Independientemente de la maravilla arquitectónica que realizaron los artesanos incas de hace quinientos años en este lugar, desde lo más alto de este sitio arqueológico es posible contemplar los dos valles que confluyen a los pies de la colina y que aparecen custodiados por las montañas de las que se extrajo la piedra con la que posteriormente se tallaron los bloques de piedra utilizados en la construcción de Ollantaytambo y que después se transportaron sobre grandes troncos de madera hasta su emplazamiento definitivo.

Ollantaytambo

El cielo seguía cubriéndose cada vez con más nubes, así que optamos por empezar a descender hacia el pueblo...

Ollantaytambo

...no sin antes echar un último vistazo los gigantescos muros que servían de soporte a las terrazas agrícolas excavadas en la ladera de la montaña.

Ollantaytambo

No tuvimos mucho tiempo para ver la parte baja del complejo, dónde se encuentra el templo del agua y varias casas reconstruidas que nos permiten hacernos una idea de cómo eran las viviendas del Valle Sagrado 6 siglos atrás.
Comenzó a llover y tuvimos que buscar refugio en un bar, dónde estuvimos casi una hora esperando a que escampase para poder salir a caminar entre las estrechas callejuelas adoquinadas que forman unas veinte manzanas de casas ubicadas al norte de la plaza principal.
Al final solo pudimos dar un breve paseo de 10 minutos por estas pintorescas calles en las que se puede observar el legado histórico que conservan algunas casas coloniales que fueron construidas aprovechando los antiguos muros incaicos.

Para comenzar el viaje de vuelta hasta Cuzco nos dirigimos a la "estación de autobuses" de Ollanta, ubicada junto al mercado de la ciudad. (clic aquí para ver la localización aproximada de la estación de autobuses de Ollantaytambo)
La siguiente furgoneta con destino a Urubamba salía en unos 15 minutos, así que nos adentramos en el mercado para echar un vistazo a sus puestos de carnes y verduras mientras llegaba la hora de salir.

Se notaba que el día estaba llegando a su fin, y es que la furgoneta a la que subimos iba llena hasta la bandera. Contamos 15 asientos y 25 personas, así que os podéis hacer una idea del nivel de hacinamiento al que fuimos sometidos durante la hora que estuvimos metidos allí. Lo mejor fue el precio: 1,5 soles por persona.

Cuando llegamos a Urubamba ya era de noche. Los únicos extranjeros éramos nosotros y el siguiente "autobús" en el que viajaríamos sólo tenía 3 plazas disponibles.
Ese era el último "autobús" que iba directo a Cuzco, todas las demás opciones pasaban por hacer uno o varios cambios de autobús en diversas localidades, así que decidimos coger los 3 asientos que quedaban disponibles e ir turnándonos.

El precio de este billete fue de 4 soles por persona, y los asientos asignados eran dos junto al conductor y otro en la parte de atrás de un abarrotadísimo y antiquísimo autobús.
Chema y yo nos sentamos junto al conductor, mientras que Bea y Jesús se fueron hasta la parte de atrás. No volveríamos a verlos hasta 2 horas después, cuando llegamos a Cuzco después de un ajetreado viaje que no me importaría olvidar.

Fueron dos horas de sufrimiento en las que nuestro temerario conductor de autobús adelantaba en una carretera de doble sentido llena de curvas, cuesta arriba y sin apenas iluminación a un coche que a su vez adelantaba a una moto que a su vez estaba adelantando a una bicicleta mientras venía un camión de frente. ¿Es para terminar acojonado o no?

Esto se repitió en numerosas ocasiones, pero no fue lo único. El eje de las ruedas de nuestro autobús no abarcaba todo el ancho de la carrocería, así que en muchas ocasiones mi asiento iba por encima de la línea blanca (dónde la había) o volando sobre un precipicio cuando el conductor tenía que dar un volantazo para evitar chocar frontalmente con otros coches que adelantaban de cualquier manera a otros vehículos.

Frenazos, derrapes, paradas en mitad de la nada, paradas junto a chabolas y gente que nos miraba a través de las ventanillas con no muy buenas intenciones se sumaron a todo lo anterior, así que cuando llegamos a la Plaza de Armas de Cuzco casi bajo y beso el suelo como hacía el Papa Juan Pablo tras sus viajes en avión. ¡Menudo viajecito!

Fuimos al hostel a cambiarnos y prepararnos para ir a cenar en un taxi que nos costó 5 soles, pero llegué tan mareado y con la tripa tan revuelta que preferí quedarme sin cenar y acostarme. Mañana sería otro día. Nuestra expedición por el Valle Sagrado de los Incas no había hecho nada más que comenzar...


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