Santa Sofía, la casa de la divina sabiduría ~ PhotoViajeros - Los relatos de mis Viajes, Rutas y Escapadas

Santa Sofía, la casa de la divina sabiduría

En el corazón de la capital turca se yergue Santa Sofía (o Ayasofya como la llaman los turcos). Primero fue catedral cristiana con aires de fortaleza medieval, más tarde se utilizó como mezquita, y en la actualidad, se ha convertido en un magnífico museo que muestra los vestigios del poderío turco materializado en esta imponente obra maestra de la arquitectura bizantina.

Ayasofya


Unos robustos muros de ladrillo dan la bienvenida a este austero monumento de aspecto sólido y fortificado. Su planta forma un cuadrado casi perfecto de 77x71 metros roto únicamente por las cúpulas y minaretes que nos ayudan a hacernos una somera idea de lo que nos espera en el interior.

Según nos vamos acercando, su inconfundible silueta muestra de una manera cada vez más evidente las semejanzas a una fortaleza.

Ayasofya

Nada hace presagiar que tras esos envejecidos muros de ladrillo se esconda una de las mayores joyas de la arquitectura bizantina de todos los tiempos.

Ayasofya

"Salomón, te he vencido". Estas fueron las palabras que el emperador Justiniano exclamó al ver terminada la basílica de Santa Sofía el 27 de diciembre del año 537. Y no era para menos, ya que el templo que él había soñado se había hecho realidad convirtiéndose en todo un hito de la arquitectura capaz de rivalizar con el templo de Jerusalén que el rey Salomón erigió casi 1500 años atrás.

Durante más de 900 años Santa Sofía fue la mayor catedral del mundo (hasta que en el siglo XVI la Catedral de Sevilla le arrebató el título), y en ella tenía su sede el Patriarca Ortodoxo de Constantinopla. Éste era el auténtico centro espiritual del Imperio bizantino, el lugar dónde se coronaba a los emperadores y escenario de los principales actos estatales.

Cuando en 1453 Constantinopla fue tomada por las tropas otomanas, el victorioso sultán Mehmed II ordenó transformar el templo en mezquita. A lo largo de los 500 años posteriores se fueron añadiendo detalles arquitectónicos islámicos como el mihrab o los cuatro minaretes al mismo tiempo que se iba eliminando todo rastro de los elementos arquitectónicos de la antigua basílica ortodoxa.

En 1931 la mezquita se cierra al público, reabriéndose tan sólo cuatro años más tarde como museo. Este museo se ha convertido desde entonces en una de las visitas imprescindibles de Estambul.

Como habéis leído en el título del artículo, esta iglesia/mezquita/museo no está dedicada a ninguna santa que se llame Sofía. Su nombre actual deriva del griego Σοφίας, cuya traducción en latín es Sophia o lo que es lo mismo, sabiduría, por lo que la iglesia estaba dedicada a la Santa Sabiduría (de Dios).

¿Y qué mejor que dejarlo claro nada más entrar? Pues eso, nada más cruzar la puerta de entrada, echar un vistazo al techo para contemplar sobre la puerta Imperial uno de los mosaicos bizantinos más importantes del templo. En él se representa a un Cristo Pantocrátor sentado en el trono frente al que se arrodilla el emperador León VI.

Ayasofya

Tras cruzar la puerta Imperial cerrad la boca, porque lo más probable es que se os haya abierto de una manera involuntaria al contemplar esto:

Ayasofya

En ese momento no sabes a dónde mirar. El espacio interior de la nave es inmenso, espectacular, sobrecogedor y un sinfín de adjetivos más. Es imposible centrarse en ninguno de los elementos que componen ese hipnótico y fascinante recinto. ¿Quizá te llamen la atención los mosaicos de oro, los detalles de sus arcos y columnas, las paredes y suelos de mármol o los gigantescos medallones verdes con inscripciones de oro en los que se puede leer el nombre de Alá, Mahoma y los primeros cuatro grandes profetas del islam?

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No, lo que seguramente te ha dejado sin palabras es su cúpula central de 56 metros de altura y 30 metros de diámetro que parece flotar sobre tu cabeza. Parece magia. Es magia.

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Antes de subir a la segunda planta, no dejéis de acercaros a contemplar de cerca el Mihrab, el Palco del Sultán, el mausoleo de Selim II o el impresionante Minbar, así como un curioso azulejo situado en el corredor que hay tras el púlpito (Minbar).

Ayasofya Ayasofya

Después de recorrer una rampa en zigzag que nos conduce al piso superior, es inevitable asomarse para echar un vistazo y contemplar las mejores vistas del interior de Santa Sofía desde esta privilegiada posición.

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Pero aunque las vistas son un reclamo más que evidente, no son el principal atractivo de esta planta. Caminaremos por una especie de balcón que se asoma al interior del recinto a nuestra izquierda, pero a la derecha, iremos encontrando varios mosaicos en distinto estado de conservación.

Uno de ellos representa a Cristo Pantocrátor junto a Constantino IX Monómaco y la emperatriz Zoe, que sostienen en sus manos una bolsa de dinero y un pergamino que simbolizan las donaciones que hicieron para la restauración de la iglesia allá por el siglo XI.

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El mosaico del Juicio Final o Déesis está considerado como el más importante de Santa Sofía. A pesar de estar muy deteriorado y haber desaparecido casi por completo, se puede ver una escena dónde la Virgen María y San Juan Bautista rezan por el perdón de los pecados de la humanidad ante el Cristo Pantocrátor.

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Otro de los mosaicos más importantes es éste que podéis contemplar en el ábside y que muestra a la Virgen María sentada en un trono sosteniendo al niño Jesús en su regazo. La importancia de este mosaico radica en que fue el primero de los mosaicos post-iconoclastas, es decir, el primero que se creó tras la etapa en la que se prohibió la veneración de imágenes religiosas en todo el imperio bizantino.

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Existen otros muchos mosaicos como éstos que iréis encontrando tanto por esta galería de la segunda planta como en los corredores de la planta baja, así que ir caminando con atención para no dejaros ni uno solo porque todos merecen la pena.

A través de las ventanas situadas a nuestra derecha, de vez en cuando se colarán estas vistas inéditas de las cúpulas que coronan los mausoleos de Santa Sofía y la siempre elegante silueta de la Mezquita azul.

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En uno de los puntos de la balaustrada de mármol que tenemos a nuestra izquierda se pueden ver unas runas que los expertos han datado en el siglo IX.
Allí, un vikingo perteneciente a la Guardia varega, (una unidad de élite del Imperio bizantino cuyos miembros servían como la guardia personal de los emperadores bizantinos) dejó escrito "Halfdan estuvo aquí". Después de tantos siglos todo sigue igual. Siguen existiendo los típicos imbéciles que "graban" su nombre o alguna frase chorra en un monumento para hacer la gracia.
Aunque no deja de ser curioso poder contemplar "la obra" de un gilipollas de hace 12 siglos, es mejor que os regaléis la vista con las pinturas que decoran el techo de este corredor.

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Antes de bajar, volvemos a echar un vistazo a la casa de la divina sabiduría desde las alturas. Cuanto más la miro, más detalles descubro y más espectacular me parece.

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Tras un breve recorrido por la planta baja terminamos haciendo cola frente a la "columna que llora" o columna de San Gregorio.
Según cuenta la leyenda, hay que introducir el pulgar en el agujero y girarlo 360º. Si el dedo sale húmedo, tendremos una salud de hierro y todas las enfermedades que tengamos sanarán.

Abandonamos el edificio principal de Santa Sofía, y rodeándolo por la plaza de Sultanahmet, llegamos a la entrada de las turbes reales.
Las turbes son mausoleos en los que están enterrados cinco sultanes otomanos junto a sus respectivas familias. Estos enterramientos profusamente decorados datan de distintas épocas, por lo que nos sirven para ver cómo fue evolucionando la arquitectura funeraria otomana.

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El primero que nos encontramos es el mausoleo de Mehmet III, Sultán del Imperio Otomano desde 1595 hasta 1603 y recordado por haber estrangulado a sus diecinueve hermanos para asegurarse el trono del imperio al convertirse en el único sucesor.

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A continuación tenemos el mausoleo de Selim II y justo al lado, el de su hijo Murad III, sultán cuyo reinado supuso el principio de la decadencia del poder otomano.

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Por último, nos encontramos con los mausoleos de dos peculiares sultanes: Mustafa I e Ibrahim el loco, famoso por sus borracheras y orgías. Ambas tumbas se encuentran en lo que un día fue el antiguo Baptisterio cristiano.

Para rematar la visita, os recomiendo acercaros de noche para contemplar la iluminación artificial de este magnífico monumento cuya imagen quedará grabada para siempre en vuestro recuerdo. No os defraudará.

Ayasofya


Organiza tu visita:

  • Horario: abre todos los días de 9:00 a 19:00 (en invierno hasta las 17:00).
  • Precio de la entrada: 30 TRY (10€ aprox.) (gratis con la Museum Pass)
  • Duración de la visita: al menos 1 hora
  • Cómo llegar: Santa Sofía está en el centro de Estambul, en la plaza Sultanahmet.
  • Transporte: Tranvía (línea T1): Estación de Sultanahmet.
  • Más información: ayasofyamuzesi.gov.tr/en

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